Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas
10/11/2015

TURISMO CIENTÍFICO EN LA PUNA: UN VIAJE A LOS ORÍGENES DE LA TIERRA
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La investigadora del CONICET que en 2009 descubrió ecosistemas antiguos en la Puna apuesta a la divulgación científica para valorizarlos turísticamente y promover su preservación.




María Eugenia Farías, investigadora independiente del CONICET en el Laboratorio de Investigaciones Microbiológicas de Lagunas Andinas, no cree que la divulgación del conocimiento que ha contribuido a generar en torno a lo presencia de ecosistemas antiguos en la Puna constituya una tarea de importancia secundaria, así como tampoco considera que sólo pueda resultar accesible e interesante para los especialistas que siguen con atención las revistas académicas internacionales.

Por el contrario, Farías apuesta a hacer de sus hallazgos respecto del patrimonio natural de la Puna un acervo popular, otorgándole de esta manera valor agregado al paisaje y contribuyendo a su preservación. Cuando en 2009, con su equipo de investigación, descubrió la presencia de microbialitos – microorganismos extremófilos que aparecieron en la Tierra hace 3.500 millones de años – vivos en la Laguna de Socompa y en los ojos de mar de Tolar Grande – ambos en la provincia de Salta – la difusión del hallazgo siguió un recorrido inverso al usual.

“Normalmente un descubrimiento de impacto, como fue encontrar fósiles vivos en la Puna, se publica primero en revistas internacionales y después llega a la comunidad -si es que llega-, pero este caso fue exactamente al revés. Los primeros en enterarse fueron los pueblos originarios de Tolar Grande que inmediatamente se preocuparon por su preservación”. El paper dando cuenta del descubrimiento – publicado en Plos One y en The ISME Journal del grupo Nature– llegaría recién cuatro años después. Para ese momento la zona ya estaba catalogada como área protegida y se habían realizado varios documentales para televisión dando cuenta del hallazgo, que también había sido agregado a los textos de biología de la educación secundaria.

Su impulso por volcar el conocimiento científico hacia la comunidad llevó a Farías a publicar recientemente un libro de turismo científico en coautoría con un guía experto de la Puna, Luis Ahumada, titulado La Puna y la tierra primitiva. “La idea surgió de la inquietud de Luis Ahumada que es quien hace la logística de nuestras campañas. Él lleva a la Puna a turistas que le hacen preguntas y así se dio cuenta de la gran necesidad de tener mejor conocimiento y también de transferirlo hacia el resto de los guías de la zona para que ellos puedan trasmitírselo bien a los visitantes”, cuenta.

Si bien en un principio el libro, financiado por el Ministerio de Cultura y Turismo de la Provincia de Salta a través del Fondo Ciudadano de Desarrollo, fue pensado para agencias de viaje y guías, la demanda por parte de turistas fue tal que están haciendo una segunda edición para la venta que llevará otro nombre: Ecosistemas antiguos en la Puna moderna.

El texto, acompañado por mapas, ilustraciones y fotos, busca explicar de manera didáctica las similitudes entre las condiciones ambientales de la Puna y aquellas presentes en la tierra primitiva hace 3.400 millones de años –baja presión de oxígeno, alta radiación UV, presencia de volcanes activos, fuertes vientos, ambientes desérticos- y la importancia de haber encontrado en el altiplano la presencia de ecosistemas propios de la etapa precámbrica, como los microbialitos.

“Los microbialitos son rocas vivas, piedras que se forman por la actividad biológica de las bacterias, las arqueas y las algas que precipitan minerales. Cambiaron el planeta hace miles de millones de años al liberar oxígeno y crear la capa de ozono. Cuando, gracias a ellos –en el Cámbrico-, hace 570 millones de años, la vida floreció en otras formas, se retiraron por competencia”, explica didácticamente la investigadora.

Hoy en día son pocos lugares en los que se pueden encontrar microbialitos vivos, como por ejemplo Bahía Tiburón en Australia, Cuatro Ciénagas en México o el Parque Nacional de Yellowstone y las Bahamas en Estados Unidos. Casi todos son lugares calidos y que se encuentran al nivel del mar. “La importancia de haber encontrado microbialitos vivos en la Puna es que está ubicada a 3.500 metros sobre el nivel del mar y las condiciones son muy similares a las de la Tierra primitiva, en la que estos organismos surgieron”, explica Farías.

El hallazgo, a partir del año 2009, de ecosistemas primitivos en diferentes lagunas de la Puna ha servido tanto para fomentar la actividad turística –lo que demostraría que el interés que generan excede a la comunidad científica- como para activar mecanismos en pos de la conservación de los mismos. Esto se extendió a los vecinos paises de Chile y Bolivia, donde el grupo de investigación dirigido por Farías está realizando un relevamiento de todos los humedales.

“En Chile, a principios de 2014 salió la publicación científica sobre los ecosistemas microbianos en la Laguna Tebenquiche. Un año después, por iniciativa de la comunidad, -el Ayllu de Koyo-se construyó una pasarela, un centro de interpretación, se diseñaron folletos y se capacitaron personas. Antes era un lugar donde antes el turista iba, se sentaba a tomar pisco arriba de los microbialitos y miraba el atardecer; ahora esta cerrado, no se puede pisar, hay que pagar para entrar y hay guías que nos explican qué es lo que hay ahí. El paisaje continua siendo maravilloso pero ahora tiene mayor valor, se lo preserva y permite generar recursos para los pueblos originarios al igual que oportunidades laborales”, sintetiza la investigadora.

Esto reforzaría la creencia expresada por Farías en el prólogo del libro acerca de que bajar a la ciencia de su pedestal, hablando claro, es la única forma que se puede educar a la sociedad en la preservación de ecosistemas frágiles que ponen en contacto a las personas con el origen de la vida en la Tierra. Así, divulgación científica, puesta en valor para práctica turística y conservación parecen ir de la mano.

 

Por Miguel Faigón

 





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