Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas
28/04/2017

LA SEMANA DEL SONIDO CONCLUYÓ CON UN AMPLIO ESPECTRO DE PROPUESTAS PARA EL PÚBLICO
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Integrantes de la electiva “Hábitat y Sonido” de la FAU explicaron la importancia de la Concienciación sobre el ruido como contaminante invisible.




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En la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad Nacional de Tucumán se produjeron actividades diversas a lo largo de cinco días, relacionadas a la “Concienciación sobre el ruido”, en el marco de la Semana del Sonido, evento que se realiza mundialmente –desde hace tres años- el último miércoles de cada mes de abril. 
 
En este contexto, investigadores y becarios del CONICET Tucumán, junto con coordinadores docentes y colaboradores estudiantiles de la facultad, llevaron a cabo desde el 24 al 28 un compendio de experiencias, demostraciones, talleres y charlas, con el propósito de que trascienda en la comunidad el conocimiento acerca del ruido como “contaminante acústico”, y las medidas preventivas o normas reguladoras a tener en cuenta para poder “combatirlo”.
 
Gaitas, Ukeleles y violines, representados por los alumnos deleitaron a los oyentes que asistieron al encuentro. De esta manera dio inicio la primera de las jornadas. Luego se sucedieron diversas experimentaciones, que como menciona Leonardo Paterlini, becario del Consejo, son producto del arduo trabajo realizado en más de un año por parte de los estudiantes de la cátedra.
 
Una de las experiencias fue a través de un resonador de Helmholtz, un tipo de absorbente acústico creado artificialmente para eliminar (absorber) un estrecho margen de frecuencias. Se basa en el artefacto acústico conocido como cavidad de Helmholtz; la misma posee un orificio en el extremo de un cuello (como una botella) en cuyo interior el aire se comporta como una masa resonante.
 
“Pudimos comprobar  a través de pruebas que la frecuencia fundamental de esta botella es de 80 Hertz. Entonces, el experimento demuestra que esa frecuencia excita a la botella, haciendo que libere energía por su pico y empiece a girar. En otras palabras, el resonador está absorbiendo la frecuencia de 80 hertz de la botella", explica Paterlini.
 
En otra de las actividades, bautizada como “Ducha Acústica”, se emitía o reproducía un “ruido rosa” o “sonido plano” a través de un parlante, en dirección de un plano reflejante (madera). Con el “ruido rosa”, que recibe su denominación debido a que posee todas las frecuencias -de 20 a 20 mil hertz-, apuntando a diferentes materiales, lo que se intentó demostrar era la capacidad de absorción que tienen los diferentes elementos u objetos. 
 
La conclusión a la que se llegó fue que todos los materiales son absorbentes o aislantes del sonido; algunos los reflejan más, otros menos; algunos lo absorben más, otros menos.
 
El abanico de propuestas se complementó con demostraciones de los diferentes sonidos que se producen en el ámbito de la construcción, o una “caminata sonora” para identificar en la Facultad los niveles de contaminación acústica existentes en algunos espacios, contrastando con la mayor preponderancia de sonidos naturales en otros (pocos ruidos artificiales).
 
Sobre la semana, Natalia Cerasuolo brindó una reflexión: “estas actividades sirven para darnos cuenta de que en el entorno sonoro existen ruidos, que a pesar de que no nos demos cuenta, podrían estar afectándonos”. 
 
A lo dicho, la doctora Arq. Beatriz Garzón, una de las co-organizadoras junto a la Esp. Arq. Maria Elisa Soldati y el Arq. Leonardo Paterlini, añadió: “nuestro objetivo fue llevar a cabo experimentaciones asequibles, para que quiénes las presenciaron, hayan podido percibir los diferentes fenómenos físicos que en algunos casos son invisibles para nuestros ojos, pero no para nuestros oídos. 
 
Para finalizar, es clave considerar que el evento sirvió para enmarcar la contaminación acústica e invisible como una problemática latente, que puede afectar la salud física y psíquica de las personas. Pero también sirvió, entre otras cosas, para tener un conocimiento más preciso de cuáles son los modos, prevenciones o reglamentaciones a tener en cuenta para mejorar la calidad de los paisajes sonoros.
 
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El término "contaminación acústica" hace referencia al ruido (entendido como sonido excesivo y molesto) que produce efectos negativos sobre la salud auditiva, física y mental de los seres vivos.
Las principales causas de la contaminación acústica son aquellas relacionadas con las actividades humanas como el transporte, la construcción de edificios, obras públicas y las industrias, entre otras.
 
El sonido se mide por medio de un aparato llamado Sonómetro, y la unidad de medida son los decibeles. Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), considera los 70 dB (a), como el límite superior deseable.
 
En el ámbito municipal de la provincia rige la Ordenanza 288/78 (actualizada en 2010). La misma, establece: “Queda prohibido dentro de los límites del municipio de San Miguel de Tucumán causar, producir o estimular cualquier clase de ruidos o sonidos innecesarios, molestos o excesivos, procedentes tanto de fuentes fijas como móviles que afecten o sean capaces de afectar la tranquilidad de las personas o al medio ambiente. Por su parte, la ley provincial 6253 regula “el racional funcionamiento de los ecosistemas humanos -urbano y agropecuario- y natural; la utilización racional de los recursos naturales, materiales y energéticos, renovables y no renovables, el paisaje, el patrimonio histórico y cultural, y las funciones sensoriales: visuales y auditivas; y la regulación, el control o la prohibición de toda actividad que pueda perjudicar o perjudique alguno de los bienes protegidos por esta ley, en el corto, mediano y largo plazo”.
 
 
 




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