Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas
23/10/2017

EL AMBIENTE EXTERNO Y SU INFLUENCIA EN NUESTRO RELOJ BIOLÓGICO
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Una investigadora del CONICET Tucumán explica ésta curiosa relación.




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Hace pocas semanas se entregó el Premio Nóbel de medicina a tres científicos norteamericanos por sus importantes avances en el estudio de los mecanismos moleculares que controlan el reloj biológico interno tanto de plantas como de animales y seres humanos. Teniendo en cuenta este suceso y lo interesante que resulta el tema, CONICET Tucumán contactó a la doctora Graciela Tonello, investigadora del organismo en la provincia quien analiza la influencia del ambiente externo sobre los relojes biológicos internos para entender de un modo más completo la conducta humana. 
 
Conociendo el reloj biológico interno
 
La rotación diaria de la Tierra sobre su eje (que nos brinda el ciclo día-noche) así como la rotación anual alrededor del Sol (que nos brinda las estaciones), expone a todos los organismos vivos a ciclos muy predecibles de iluminación y temperatura,  entre otras cosas. 
 
Esta repetición de ciclos estimuló a los organismos a desarrollar un mecanismo capaz de percibir estas variaciones y utilizarlas como fuente de información. Con el tiempo este mecanismo evolucionó en un sistema interno de registro temporal, conocido como reloj biológico, el cual se encuentra en el cerebro, en una región del hipotálamo llamada núcleos supraquiasmáticos. 
 
La función del reloj biológico consiste en procesar la información temporal del ambiente, ajustar su hora y distribuir esa información en el organismo. Así, los seres vivos pueden anticiparse a los cambios cíclicos ambientales adaptando su fisiología para maximizar el aprovechamiento de recursos y asegurar su supervivencia. 
 
La manifestación exterior del reloj biológico, conocida como “ritmo circadiano” (un ritmo de aproximadamente 24 horas), incluye fluctuaciones diarias en la atención y la conducta, en la producción de hormonas, la temperatura corporal, el metabolismo, resultando la más evidente el ciclo de sueño/vigilia.
 
“Aunque los organismos tienen la habilidad de usar diferentes claves para sincronizar, incluyendo factores sociales, ciclos de temperatura y disponibilidad de comida, la luz es el principal estímulo ambiental que interviene en la sincronización del ritmo circadiano”, explica Tonello y agrega que los ciclos de luz y oscuridad enviados por la retina influyen en la producción rítmica de la neurohormona conocida como melatonina. La luz ambiental tiene la capacidad de reducir la  producción de melatonina, por lo que durante el día los niveles de esta hormona son bajos mientras que durante la noche aumentan. Esto quiere decir que esta hormona le indica  al organismo si es de día o es de noche.
 
El reloj biológico y la salud
 
“Se podría decir que la destrucción del reloj biológico causa arritmicidad y numerosos estudios avalan que la pérdida de ritmos causa enfermedad, provocando trastornos en las funciones fisiológicas, el desempeño neuro-conductual, y el sueño”, afirma Tonello. También se sabe que la melatonina puede ser un supresor de tumores al bloquear la habilidad del estrógeno para estimular el crecimiento de células cancerígenas por lo que un desorden en su producción puede generar riesgo de cáncer.
 
Nuestro cerebro evolucionó bajo el patrón ambiental de luz y oscuridad. Para funcionar de un modo adaptativo, totalmente sincronizados con el ciclo de 24 horas del mundo físico, idealmente deberíamos exponernos a la luz natural durante el día y a la oscuridad total durante la noche. La doctora Tonello explica que este proceso ocurre poco en nuestra sociedad actual y que la luz artificialmente producida para “extender el día”  impacta sobre el ambiente y sobre nuestra salud psico-física, como consecuencia de sistemáticas reducciones en la cantidad o amplitud cíclica en la producción total de melatonina.
Los clásicos ejemplos de desincronización de los ritmos circadianos son el desorden afectivo estacional o SAD, el jet lag y los trabajadores con turnos rotativos (cambian rápidamente sus horarios de sueño y vigilia). 
 
En cuanto al sueño, el pico o acrofase de la melatonina, que se produce entre las 2 y las 4 de la mañana, constituye una pre-condición del sueño profundo, el cual es muy importante para la salud y el bienestar, ya que durante el sueño profundo nuestro organismo se recupera y el sistema inmuno-defensivo se torna más activo. 

“El uso incrementado de tablets y celulares entre los adolescentes, especialmente antes de ir a dormir, provoca  efectos de retardo de fase en el pico de melatonina nocturna, debido al prolongado tiempo de exposición a la luminosidad de la pantalla ya que las longitudes de onda corta del espectro visible (color azul) pueden suprimir la producción de melatonina”, afirma Tonello. 

“Mi línea de investigación incluye un equipo de psicólogos, médicos, cronobiológos, arquitectos y diseñadores de iluminación, para estudiar los efectos del ambiente sobre la salud” agrega, y explica que el objetivo del equipo es determinar la dosis de luz que favorezca la salud y el bienestar en diferentes ambientes y actividades. Además, Tonello aclara que la luz saludable está inextricablemente ligada a la oscuridad saludable. De igual modo, implica el uso eficiente de la energía y consideraciones ambientales, ya que la luz saludable en su sentido más amplio debe ser ecológica.
 
Graciela Tonello es psicóloga, egresada de la facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Asimismo, es Magister en Percepción Visual (UNT) y Doctora en Psicología Ambiental por la Universidad de Lund, Suecia. Actualmente, se desempeña como profesora Asociada de la UNT e Investigadora Independiente del CONICET.

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Por Carolina Baricco
Divulgación CONICET Tucumán

 





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