Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas
25/04/2018

LA INSEGURIDAD, UN FLAGELO ESTRUCTURAL QUE CRECE A PASOS AGIGANTADOS
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Expertos del CONICET Tucumán analizan esta problemática a partir de dos ejes temáticos diferentes.




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A lo largo y ancho del país se encrudece la situación: avanza la delincuencia y los ilícitos de diferente índole cobran protagonismo. Tucumán no está exento a este triste escenario. Lo paradójico es que la sociedad contemporánea ha tenido que aprender a naturalizarlos, acostumbrándose a convivir con temor, incertidumbre y desazón. Hurtos, robos, violaciones y asesinatos son consecuencias de una cruda realidad que golpea a diario la puerta de los argentinos, y que pareciera no tener una solución divisable. ¿Existirá alguna que genere garantías? Hay formas de combatirla, al menos. Una de ellas es con-CIENCIA.
 
Diagnósticos científicos
 
Primero hay que conocer la sintomatología, para luego evaluar el mejor tratamiento a aplicar. Eso posibilitará recurrir a los mejores medicamentos para atacar la enfermedad. También hay que saber que si no se la diagnostica precozmente, las consecuencias pueden ser fatales. Bueno, lo mismo ocurre con la inseguridad: hay que atenderla raudamente, porque avanza y nos carcome como un mal inexpugnable. Un mal que, según la perspectiva de la doctora Paula Boldrini, responde a un desorden estructural.
 
Boldrini es investigadora del CONICET y se desempeña en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU, UNT), más específicamente, en el Centro de Estudios sobre Territorio y Hábitat Popular (CETyHaP). Junto a un equipo multidisciplinario, trabaja desde hace varios años atendiendo a las demandas de sectores carenciados pertenecientes al cordón periférico de la ciudad de Tucumán; varios de ellos –por no decir todos- enfrentan cotidianamente situaciones de vulnerabilidad, marginalidad y pobreza.
 
“Uno de los principales motores que moviliza a estos sectores, o parte de ellos, a cometer delitos, apunta a la necesidad que tienen de satisfacer las condiciones básicas indispensables para la vida”. Mientras la pobreza se siga profundizando y las condiciones de la población empeoren, opina Boldrini, la delincuencia será más difícil de desarraigar. Sin embargo, considera que la creciente ola delictiva también está asociada a otros aspectos: al de las adicciones, por un lado, y la institucionalización de circuitos de narcomenudeo, por otro. Este último fenómeno, relacionado al comercio de drogas ilícitas en pequeña escala, se presenta con máxima crudeza en los barrios populares y, en una escala menor, en la ciudad más urbanizada y el campo.
 
“La inseguridad, vista en su más amplia perspectiva como ´la pérdida de garantías sobre la integridad física y/o mental de las personas, en relación con el mundo´, afecta principalmente y de manera permanente a aquellos sectores vulnerables que carecen de cualquier tipo de recursos y contención".
 
“La inseguridad, vista en su más amplia perspectiva como ´la pérdida de garantías sobre la integridad física y/o mental de las personas, en relación con el mundo´, afecta principalmente y de manera permanente a aquellos sectores vulnerables que carecen de cualquier tipo de recursos y contención, y se multiplica de las formas más violentas en el resto de la sociedad, sin importar las barreras físicas o sociales existentes. La vía de escape a la problemática está en garantizar la calidad de vida de todos”, alega Boldrini y agrega que la inacción, el no reconocimiento y acompañamiento de los grupos más castigados por el sistema, así como el tibio interés por parte de las autoridades competentes, va a impedir que se promulguen medidas acertadas.
 
Por su parte, la Diseñadora de Iluminación y becaria del Consejo en el Instituto de Investigación en Luz, Ambiente y Visión (ILAV, CONICET-UNT), Licenciada Natalia Valladares, se mete de lleno en el debate y presenta un análisis poco conocido al fenómeno: la relación existente entre la seguridad personal y el confort visual en ambientes exteriores públicos, temática que desarrolla para su maestría. Aclara que, en primer lugar, no hay iluminación que valga (aunque sea excesiva) si la presencia policial es exigua. “Uno de los resultados de mi investigación demuestra que la sociedad tucumana, en su gran mayoría, prefiere la luz blanca, o LED, antes que la amarillenta, hecha de sodio. Esto se debe a que perciben que con las primeras el entorno se encuentra mejor alumbrado, lo que se traduce en una mayor sensación de seguridad”, sostiene Valladares.
 
En relación a lo dicho, la especialista considera que la poca o escasa iluminación en algunos lugares de la ciudad genera, a priori, una sensación de inseguridad con el entorno inmediato, además de contribuir concretamente a que los delincuentes puedan sorprender a sus víctimas para sustraerles sus pertenencias.
 
“La iluminación urbana tiene como primordial objetivo el de proporcionar a los peatones, ciclistas y conductores, seguridad y ´bienestar´ visual”, agrega el doctor en Medio Ambiente Visual e Iluminación Eficiente y becario postdoctoral del ILAV, Oscar Preciado. La seguridad en el alumbrado público proporciona, entonces, facilidad para que las personas realicen sus tareas o actividades con un buen rendimiento visual. Pero también desempeña una función disuasoria: “Las estadísticas confirman que existe una intrínseca relación entre el alumbrado público y la reducción de la inseguridad”, confirma Preciado. Aunque, cabe destacar que muchos de los crímenes que acontecen en la actualidad son diurnos. En efecto, una buena iluminación exterior es indispensable, pero en muchos casos permanece ajena.
 
“Cuando el alumbrado se diseña correctamente, puede cambiar por completo la percepción de los espacios, ya que permite revalorizar zonas de la ciudad y dar vida a los lugares considerados anteriormente peligrosos, sumado al factor de ´ahorro energético´”.
 
Asimismo, el becario sostiene que, así como no tener iluminación urbana o que no cumple con los niveles mínimos es algo negativo, la que es excesiva, también es indeseable. Ya que no sólo se trata de mejorar las instalaciones a través de normas que promueven la utilización de tecnologías energéticamente eficientes, establecidas a nivel mundial, sino también para evitar el derroche de los recursos, es decir, utilizar tecnologías eficientes y en su justa medida. “Cuando se diseña un sistema de iluminación correctamente, puede cambiar por completo la percepción de los espacios, ya que permite revalorizar zonas de la ciudad y dar vida a los lugares considerados anteriormente peligrosos, sumado al factor de ´ahorro energético´”, considera Preciado. Finalmente, cree que conocer cuál es el efecto del envejecimiento de las personas (y del ojo) ayuda a mantener niveles de iluminación que garantizan las mismas condiciones de rendimiento visual y percepción de seguridad para todos.
 
Hora de marcar el perímetro. Las propuestas
 
Algunas medidas que se están promulgando, justificadas bajo el slogan “mano dura al delincuente”, promueven aún más violencia, porque generan un enfrentamiento en el seno mismo de la sociedad, según la perspectiva de Boldrini. También es cierto que cada vez que salimos a la calle, la intranquilidad nos saluda: caminamos rápido, se agudiza nuestra visión, nos preocupa si es tarde, si llevamos celular o algún objeto de pertenencia. ¿Está bueno vivir así? Es cierto, debemos entender que la delincuencia imperante no responde a un único factor. Pero lamentablemente, las soluciones no llegan y los números no consuelan ni ayudan a ser optimistas. En lo que va de 2018, en la provincia ya hubo más de dos docenas de asesinatos. Además, han aumentado los porcentajes de asaltos cotidianos (robos motorizados, motoarrebatos, asaltos armados, robos a vehículos), enraizados en diferentes modus operandi. Se puede hablar de que la práctica delictiva se ha profesionalizado.
 
A saber, la Facultad de Arquitectura tiene diversos proyectos de investigación, docencia y extensión destinados a comprender y actuar sobre necesidades sociales estructurales. “Particularmente desde nuestro Centro de estudios trabajamos en el ámbito urbano y rural en procesos participativos con sectores populares y desde una visión interdisciplinaria, tarea a partir de la cual se produce investigación científica en paralelo al trabajo en territorio”, cuenta Boldrini. Arquitectos, geógrafos, trabajadores y comunicadores sociales se preocupan por analizar lo que consideran la columna vertebral de todos estos flagelos: la desigualdad. Además, agrega: “Experiencias llevadas adelante en barrios como la Diagonal de Yerba Buena, Costanera, Los Vásquez, 11 de Enero, Santa Inés, las randeras de El Cercado y la Comunidad India de Casas Viejas y Potrero, entre otros, habilitan una mirada diferente de los profesionales en formación; crean inquietudes y promueven cambios tanto en la academia como en la sociedad en general. Esto es lo que buscamos que se multiplique”. Pero para lograr propuestas transformadoras, considera, necesitan de un apoyo sostenido de parte del gobierno provincial y nacional, de los recursos que asegure el cumplimiento de proyectos, y para no desperdiciar esfuerzos académicos.
 
Desde su expertise científica, Valladares señala que es necesario actualizar las normas vigentes de iluminación, que sólo tienen en cuenta al conductor vehicular y no hay valores recomendados para los peatones, que de cierta forma son los más desprotegidos. “Lo adecuado sería iluminar las vías de tránsito y las veredas a partir de determinados valores fotométricos; no es lo mismo iluminar una avenida que una calle residencial, pues las exigencias visuales de las personas y las características físicas de las vías de circulación varían”. Es decir que, la disposición de las luminarias dependerá de las características físicas de las vías de tránsito y del ambiente/entorno. Para reforzar esta idea, Preciado expresa que la normativa vigente especifica niveles mínimos de iluminación vertical a la altura del rostro, lo que permite identificar actitudes. También recomienda una mayor implementación de los LEDs (diodo emisor de luz), tecnología que ha irrumpido en los últimos años en todos los ámbitos de la iluminación artificial. Y lo justifica con cuatro ventajas respecto de la amarilla convencional: “En la actualidad, llega a alcanzar niveles de eficacia de 150 lm/W (comparados con 110 lm/W del sodio), lo que implica un menor consumo de energía, una disminución de la factura eléctrica y reduce la emisión de gases de efecto invernadero. Además, si son de buena calidad y las luminarias tienen un buen diseño que permita una disipación adecuada del calor, pueden durar hasta doce años. A esto se suma que, al emitir una luz blanca, presentan una muy buena reproducción de colores”. En otras palabras, se percibe como más brillante, más segura y es preferida por las personas. Por último, agrega que tienen una emisión direccional y poco dispersa que puede permitir una disminución en la contaminación lumínica si se asegura que los brazos de los postes sean totalmente horizontales. Sin embargo, hay factores que aún obstaculizan su implementación a gran escala: el económico (en comparación con la amarilla) y la fabricación sin certificación técnica. “el ILAV es un instituto insignia en este tipo de estudios en Latinoamérica, con la capacidad para evaluar y asesorar tanto a los fabricantes de luminarias como a los responsables de los proyectos de iluminación, según requerimientos de calidad y seguridad”, concluye Preciado.
 
Por Maximiliano Grosso.
 
Prensa - CONICET Tucumán
 




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